martes, 28 de junio de 2011

Qué padre es haber tenido

un padre como mi Padre.

Jesús J. Castañeda Nevárez.- jjcastaneda55@gmail.com


Hombre íntegro y poseedor de todas las cualidades que un ser humano podría aspirar para poder conseguir el cariño, aprecio y respeto de quienes lo conocieron; y el enorme amor lleno de admiración de quienes tenemos el orgullo de llevar su sangre.

Trabajador esforzado, luchador incansable, batallador apasionado, hombre radical en sus convicciones y fiel siervo de Dios. Ese era mi Padre; ese era Don Pilo.

Mis primeros recuerdos ya lo ubican afectado por la epilepsia; terrible enfermedad que significó un dolor permanente y una angustia constante llena de miedo que nos forjó y nos hizo conocer el poder de la oración.

Muchas mañanas salió rumbo a su trabajo y no llegó a él a causa de la enfermedad. Si la crisis ocurría en el transporte urbano, lo único que atinaban a hacer el chofer y pasajeros, era bajarlo y dejarlo sobre la banqueta; cuando lograba recuperar la conciencia él regresaba a casa. Pero muchas ocasiones le sucedió en la calle y eso significaba sufrir lesiones en su cuerpo, principalmente su rostro.

Eso hizo que perdiera su trabajo y la dificultad de conseguir otro nos llevó a vivir en condiciones de pobreza extrema; que si ya hubieran existido las clasificaciones sociales de la economía, nosotros habríamos calificado en el rango de la “clase baja de la miseria”.

Conocíamos todos los gestos de mi Padre; sabíamos perfectamente cuando se sentía mal y podíamos sentir con absoluta certeza la proximidad de un ataque epiléptico. Mi Madre y los 8 hijos girábamos en torno a él. Porque a pesar de su enfermedad, siempre fue la cabeza de su familia; el jefe de su casa; el guía y ejemplo de sus hijos.

Su consejo lleno de sabiduría nos ayudó a sortear con éxito muchas dificultades; su permanente oración nos significó ser bendecidos por Dios; y su enseñanza nos hizo conocer a Dios.

Han pasado 25 años de su ausencia física, pero su presencia sigue viva en nuestros corazones; sus consejos siguen vigentes en nuestras mentes y con enorme satisfacción los repetimos a nuestros hijos, haciendo la referencia obligada a Don Pilo.

No ha habido un solo día en todos estos años, que no haya hecho referencia a mi Padre; todos los días ocurre un comentario que inicia con “como decía mi papá . . .”, porque sus enseñanzas llenas de sabiduría eran de oro y eran impartidas con amor; por eso sigue vivo su recuerdo y su aplicación.

Hoy su numerosa descendencia camina en la línea trazada por quien sigue siendo la cabeza de la familia; porque, aún cuando no lo conocieron sus 31 nietos y 11 bisnietos, saben bien quien es Don Pilo y lo mucho que significa su herencia de bendición.

Un domingo 5 de octubre de 1986, a las 7:25 de la mañana mi Padre fue al encuentro con su Dios, satisfecho de su trabajo en ésta vida, porque a pesar de las enormes dificultades, nunca se quejó ni renegó, Por eso, en mi Padre Dios cumplió su promesa: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal; ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre la hierba como los sauces junto a las riberas de las aguas” Isaías 44:3-4.

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